Realidades inconmensurables

De un tiempo a esta parte mi padre hace algo que nunca había hecho hasta ahora. Desaparece. No es que salga por la puerta sin decir nada y vuelva al cabo de un rato. Simplemente desaparece. Suele suceder de día, a plena luz. Se volatiliza.

La primera vez que lo detecté, estaba Cristy en casa. Tengo un testigo. Le dije: Cristy me voy a la ofi. Muy bien. Ella tenía una mopa en una mano y un cojín en la otra. ¿Dónde está mi padre? No lo sé, dijo. Estábamos en el salón. Allí no estaba. Fui a su despacho. No estaba. Me asomé al pequeño baño en su despacho, no estaba. Fui por el pasillo. No estaba. Mi propia habitación, no estaba. Entré en su dormitorio, no estaba. Entré en el baño en-suite de su dormitorio, no estaba. Entré en el otro baño del pasillo, no estaba. Cocina. No estaba. Recibidor. No estaba. Terraza. No estaba. Me fui. Por la noche. ¿Dónde has ido esta mañana cuando me he ido? ¡No te encontraba! A ningún sitio, ¿qué dices?

La siguiente vez fue un sábado por la mañana. Yo estaba preparando unas clases. Él había estado viendo la tele y lo había visto por última vez en su despacho. Fui a decirle no sé qué. Algo sobre fruta, creo. Nada. No estaba. Papá, Papá. Nada. Otra vez toda la ruta. Por todas las estancias. No estaba. Me fui al super. Al volver estaba ahí en su despacho jugando un solitario. Papá, ¿dónde estabas? ¿Dónde estaba cuándo? ¡Antes! ¿Antes? Aquí, dónde voy a estar, qué dices.

Qué digo.



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