Mal en todo
Me duele tanto la cabeza cada día que empiezo a creer que tengo un tumor del tamaño de una manzana en el cerebro. Tal vez sea resultado de este permanente estado de tensión física en el que existo, un relapso de tensión cervical y no un cerebro repleto de patatas verduscas. En los dados de Dios hay equilibrios nunca vistos. Mi mente funciona mucho mejor y de manera más fluida. Estoy mal en todo. Fui a la revisión médica de la oficina y di mal en todo. MAL EN TODO. Allí donde acaba la medición de valores estoy yo. Tuve que subir a tocar al timbre de la vecina de arriba para ver dónde llegaba finalmente mi medición. Y allí estaba, una franja de color azulado cruzando su salón de suelo al techo y así fui subiendo hasta que llegué a la azotea. Desde los barrios marítimos no lo veis porque no tenéis perspectiva hacia al sur-oeste pero hay una franja de color azul ascendiendo verticalmente hacia los cielos y no, no es parte de una promoción. Son mis valores de colesterol. Frecuencia cardíaca disparada. Peso disparado. Además creo que lo he logrado: me he generado diabetes, yo sólo y en el último año. Estoy fuera de campo en 8 valores de 10. Es desternillante. La verdad cuando se presenta en forma clínica resulta liberadora. Es una llegada a destino. No hay más. De aquí sólo puedo mejorar o morir. Es un chute de euforia. Hasta que leí los informes pensaba: si la vida es así, no lo podré soportar. Pero no. Resulta que mi vida, médicamente hablando, es lamentable. La semana que viene voy a ver a mi doctora. Me gusta la barrera que interpone entre ambos. Me permite abrirme como en una cámara de contención, sé que mi estallido de honestidad quedará entre esas cuatro paredes y se diluirá de su mente en algún momento posterior a mi salida del despacho. Siempre tengo calor, así que aprecio la frialdad. Encontré dos cajas de ESCITALOPRAM de 10mg en los cajones. No han caducado. Los blisters planean bien.
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