Las flores del cementerio han sido sopladas a este lado de los muros
Cogimos un tren hacia el sur y soplaba el viento. Despejó el cielo. Le hacía volar a ella la falda y a mi las penas, que quedaron enredadas y a secarse en el cañizo junto a las vías. Comimos en BAR ESTACION un gran plato cada uno, con barreras de jarras de cerveza y salsa marrón HP entre nosotros. Me despeja los sentidos. Crujían las maderas del suelo y había ingleses con jersey alrededor. Con las barrigas llenas, salimos en al ábside del día de nuevo al exterior. El viento claro seguía. Movía las copas como las corrientes acuáticas los bosques de coral. Un local vino a por nosotros en su coche. Nos llevó cortando el aire hacia el plano delta que se abría bajo el cielo, por estrechos pasos asfaltados entre inmensos arrozales rectangulares. Se veían asomando sobre las aguas de éstos brotes y esquejes en pre-formación. Era evidente que la victoria de la tierra sobre el mar era sólo temporal. Nos llevó a un hotel en el cual yo no había reservado habitación especial y al que nos desviaban por sobre-ocupación del original. Junto con el campanario, era la única construcción alta de aquel pueblo esparcido cúbicamente por el suelo. Alta: tres plantas. Nos dieron la 312. Diría que de nuevo. Descorrimos las cortinas y vimos bajo nosotros las banderas en sus astas, haciéndose jirones por el viento. Y movimos muy bien las camas. Y después salimos a perseguir las vistas de los arrozales con intención de llegar a uno de los límites marítimos del plano delta. Partiendo con el viento que incrementaba del pequeño bajo pueblo, seguimos una avenida de casas bajas y encontramos en una zona abierta a un hombre que había quedado encerrado en su coche. Las ventanillas bajadas. Echamos un vistazo a las cerraduras. Inviables y los pestillos no respondían. Como era un hombre viejo no podía tampoco salir por la ventanilla. ¿Qué hacemos, señor? Avisen a mi hermana, propuso el hombre, está ahí, y señaló con la cabeza un edificio bajo a nuestra espalda que resultó ser un inmenso salón de baile. La pintura de una pareja bailando presidía con rosada belleza el lugar. Ella dio con la hermana mientras yo miraba. La hermana salió con la misma calma que su hermano había hablado al rescate. Nosotros con sonrisas por todas partes seguimos como el viento seguía. Por una avenida de árboles y girando hacia los campos dimos con el cementerio. Había en la explanada principal un inmenso camión negro con calaveras en las puertas y frontispicio de leyenda de las rutas. Tenía las cortinas de la cabina cerradas. En un charco manado a pleno sol vimos las flores. Habían sido sopladas a este lado de los muros. Tal vez las almas se van igual. Fuimos luego hasta el río a comprobar.

Comments