El horripilante hábito de los adolescentes de fotografiarse a si mismos en poses pretendidamente provocativas
Claro, yo odio mi cuerpo. lo veo reflejado en el millón de espejos y escaparates que arrasan nuestras ciudades. me pone enfermo. no se trata de sopa de col y queso fresco, es una sensación general. detesto mi cuerpo. me pesa. me hace sentir avergonzado de mi mismo.
El otro día mis alumnos perdieron nuevamente el control sobre sí mismos y empezaron a fotografiarse con los tétricos maniquíes que tenemos al fondo del aula. últimamente le estoy cogiendo mucho gusto al ajedrez. sólo sé cómo se mueven las fichas, pero no sé llevar a cabo una partida, tramar una estrategia. poco a poco. espero. saber defenderme mejor.


Comments