Otro día hablaré sobre la párabola de luz!
entonces nos trasladamos a un edificio inmenso que tenía un inmenso portal con suelo de damero blanco y negro blanco y negro blanco y negro. en todo el tiempo que estuvimos allí no me crucé con una sola persona. a mi habitual estado de pánico mental y jolgorio general le añadimos el factor soledad desértica. ella venía a mi habitación y me decía: ¿otro día más? al final yo tenía un montón de botellines y cajitas llenas de otro día más por toda la habitación. el día que me puso el paño mojado en la frente comprendí qué era exactamente todo aquello: ¡era un inmenso amor!


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