Amor de verano


Por fin llegamos a un recodo, hacíamos aguas, resbalaban gotas por tus tobillos, nada me daba, nada. El árbol se cernía, caíste de rodillas y te pusiste a reír. Por fin, por fin. Sí. Veíamos el valle y las pequeñas letras de su lenguaje, unidas entre sí. Más tarde no estabas y yo pensaba que eras un sueño y tú que yo era un sueño y ninguno sabía quién era sueño de quién. Me ceñí. Seguí la ruta de la orilla mientras tú seguías la línea de la presa, pero éramos humanos soñados tan pequeños que no podíamos saber. Con las rodillas cortadas y las piernas rojas llegaste a un lugar donde las ventanas eran ojos y las puertas bocas. Tu falda recta y tus pequeñas muñecas con pulseras, el pelo lacio pegado a las orejas. Yo me tumbé en las rocas contra el cielo entre los arbustos. Llegué a la conclusión. El sueño éramos los dos.

Comments

Beth Ávila said…
oh, es precioso! lindo, simple, bello. Te animo a que escribas más cosas así... !!

Popular Posts